sábado, 13 de febrero de 2016

Adiós pajarillo

Vuela, vuela pequeño pajarillo… allá van tus plumas ligeras y frágiles, allá va tu alma posada en ellas… allá vuelas como un ángel, libre y sin cadenas.

La magia sigue… vivirás en mi corazón, al igual que “ellos”, que ahora te reciben y que en ocasiones anhelamos… ahora estáis juntos, por siempre. Y por siempre será este amor, porque he tenido mucha suerte de poder disfrutar de esa magia que a veces envuelve la casualidad, pues que yo exista es fruto de que tú lo hicieras. Así pues te doy gracias por haber hecho realidad el milagro que permitió que yo naciera… por dármela a ella, gracias.



Estoy segura que no soy la única que lo piensa, pues has creado una gran familia, que quizás no está tan unida como quisieras o te gustaría, pero a veces los caminos son dificultosos y sinuosos, nos alejamos sin darnos cuenta y sin preguntarnos si merece la pena… reproches, discusiones, rencores y decisiones… ¿es que te has equivocado? ¿y quién no lo hace? Has tenido tus cosas buenas y tus cosas malas, tus imperfecciones y tus pequeñas virtudes... ¿quién se sentó contigo para preguntarte cómo había sido tu niñez, tu adolescencia, tu madurez? ¿cuántas veces te preguntaron? quién te preguntó por tus sueños? Somos lo que somos porque las experiencias nos guían, unas veces aciertan y otras se equivocan, pero siempre tienen un sentido y cuando el retorno ya no es posible, sólo existe un camino… es entonces cuando el perdón es muy digno.

Por ello yo te pido perdón, porque para mí ha sido un privilegio haberte conocido y tenido en pequeños momentos, quizás algo cortos en ocasiones, quizás algo silenciosos, pero siempre llenos de mucho calor y cariño. No te sientas culpable por esa magia que nos ha bendecido, porque el cariño no se escoge y los sentimientos sólo son eso… y yo sé que a tu manera con todos los has vivido. Hoy somos hermanos de hijos, a su vez también padres con objetivos… y todos deseamos que nuestros descendientes estén siempre juntos, se amen y ayuden sin olvidarnos de dónde venimos. Basta con mirarnos a nosotros mismos para darnos cuenta del valor que nos has trasmitido… perdóname si alguna vez no te he correspondido.

En mi baúl almaceno muchos recuerdos, abrazos y besos, risas y llantos, pero grandes momentos vividos cuando éramos pequeños. Y ahí has estado también, siempre presente en esos importantes momentos de mi vida. Tú lo hiciste posible a pesar de tus fallos y de tu carácter, pero no te preocupes, ve tranquila porque yo te lo perdono. Y ese baúl nunca se cerrará, siempre permanecerá abierto para poder seguir llenándolo de pensamientos, de magia y de cuentos.

Y déjame que vuelva a recordar nuestra despedida... las dos sabíamos que sería la última, los últimos besos y las últimas caricias, ese ratito viendo fotos y tus palabras saliendo con tanto esfuerzo que me hicieron llorar... tu respiración tranquila y tu clara decisión ante la vida, sólo quedaba respetarlo y asumir que pronto sería el día. Allí, tan pequeña, tan débil, me agarraste la mano y me dijiste con dificultad "no te vayas" y se me hizo un nudo en el estómago que me convirtió en estatua de sal. Pero me agarré a ti y pude susurrarte al oído lo mucho que te quería, "lo sabes, ¿verdad?", sólo tenías que decirme que sí porque entonces yo sería feliz. ¡Qué difícil es decir te quiero! ¡qué pocas veces nos atrevemos! y luego estamos toda la vida por ello arrepintiéndonos. Pero yo estoy contenta, porque la magia volvió y a mí me lo permitió, de este modo tu última sonrisa pude contemplar. Adiós ratoncillo, no olvidaré tus ojillos abiertos y silenciosos desde la cama, mirando con miedo cómo nos íbamos, tu cabello de plata sobre la almohada... escuchando aquél “hasta mañana”.




Gracias abuelilla por todo ese cariño que me has dado, esos ratitos, ese mal carácter que con un abrazo se olvidaba, esas rabietas con las que al final te reías... siempre te querré pequeña gruñona… nunca dejaré que la magia acabe.

Adiós pajarillo, adiós.


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